Ingenuidad compartida
El primer poema de este libro es la razón de él. Pero no por el dolor por la muerte de mi padre que muestra; no por lo que dice exactamente; sino por lo que hay implícito en él. Lo más importante que aprendí no fue el sufrimiento que me invadió, ni el dolor, ni la tristeza; sino la presencia constante de la muerte y la impermanencia de todas las cosas que nos rodean. La soledad, en que me sumió el luto, me permitió observar la realidad más allá de ella misma y darme cuenta de que toda la naturaleza está en continuo cambio y que nosotros no somos más que un minúsculo punto dentro de ella. Nada permanece, pues hasta el recuerdo modula nuestras percepciones de distinta manera cada vez que recordamos; nada es constante, tan solo la certeza de la muerte. Hoy deseo compartir esa ingenuidad que abrió mis ojos, no por el dolor, sino por la dicha que me regaló, la comprensión de que no hay separación entre los que nos quedamos y los que se van. Ni un solo día he dejado de se...